
ROBERTO LAVAGNA, Ministro de economía de la Nación
Viernes 7/11 de 19:00 a 20:00
DISCURSO DEL MINISTRO ROBERTO LAVAGNA
Entretanto, una reunión como ésta, es un espacio que debemos aprovechar para levantar la mirada hacia el mediano plazo e intentar pensar -por encima de nuestras cuestiones cotidianas- en el conjunto de la sociedad. De modo que permítanme empezar por allí.
I. A principios del año 2002 un destacado escritor latinoamericano, premio Cervantes, el mexicano Carlos Fuentes, en una obra mezcla de novela y ensayo político, escribía –y paso a citar:
“Un país sin más ley que la suya, balcanizado como la Argentina, ya ve usted, alguna vez una república unida y hoy un conjunto deplorable de republiquetas "independientes", (...) cada una con su Facundo local, su caciquillo prepotente y su propia emisión de papel moneda sin valor. Argentina, Jauja miserable, Edén Arruinado, Pampa Bárbara de vuelta...". "¿Eso queremos para México?" Fin de la citación.
Esto es ni más ni menos -en otro lenguaje, literariamente más elaborado- lo que se decía a nivel técnico, por parte tanto de los opinadores locales como de los expertos del exterior:
- hiperinlflación,
- colapso del sistema financiero,
- derrumbe final del aparato productivo y el empleo.
Si hasta el presidente colombiano instó en algún momento a votar para evitar "un infierno al estilo del producido por el colapso económico argentino".
Todo esto no ocurrió y si la realidad se encargó de desmentirlo tan rotundamente, no podemos ser superficiales ni irresponsables como para -sin un análisis sincero y profundo- pasar a un nuevo conjunto de predicciones. Digo esto porque atrapados por la realidad, sin un análisis autocrítico, ahora muchos opinadores han corrido el "tremendismo" hacia el 2005 y el 2006.
Como dijo hace unos días José Enrique Miguens,
"Daría la impresión de que nuestros analistas políticos y económicos y nuestros comentaristas en general no se han hecho cargo de esta nueva situación y siguieran manejándose con los marcos de referencia y con las conceptualizaciones y categorías mentales propias del período anterior, sin darse cuenta del cambio que ha ocurrido en nuestra sociedad. Esto está produciendo una especie de disonancia cognitiva ente los que quieren interpretar la realidad política y el público común que la vive.""En los muchos años que tengo de observar nuestra sociedad, nunca he visto un desfase tal como el que existe hoy entre los que se consideran orientadores de la opinión pública y la opinión pública que pretenden orientar."
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El análisis profundo hay que hacerlo no para reivindicar posiciones diferentes a las del tremendismo.
Menos aun para concentrarse en el pasado cuando nuestra tarea central es redefinir el futuro.
Hay que hacer un análisis profundo porque lo que no pasó es parte esencial de los activos con que contamos hacia el futuro. Lo que no pasó es el resultado de las fuerzas -tremendas fuerzas positivas- que tiene la sociedad argentina. Es un reflejo del enorme potencial sobre el cual debemos construir el futuro que debe ser el verdadero objetivo de nuestra reflexión como sociedad.
II. Qué país queremos y sobre todo ¿qué país podemos hacer?
Ya sabemos lo que no da resultados en términos sociales.
- No sirve una política de tipo de cambio ajena a los sistemas cambiarios que rigen en el mundo y ajeno a las productividades relativas de nuestras empresas.
- No sirve la deflación que en buena medida induce esa política cambiaria.
- No sirve una política de déficit fiscal y, por ende, de endeudamiento permanente.
- No sirve un sistema financiero cada vez más concentrado en prestar al Estado y por tanto crecientemente fragilizado.
- No sirve el modelo que al centrarse en finanzas, servicios y desarrollos inmobiliarios de alto costo, concentra geográficamente afectando la ocupación territorial y las empresas Pymes.
- No sirve en términos de equilibrio de las cuentas externas y del empleo un modelo basado sólo en recursos naturales extensivos (sean agro o energía) y producciones de bajo valor agregado.
- No alcanza la sola redistribución de mercados y recursos ya existentes, como fue el caso de las privatizaciones o de los fondos de pensión, si no son parte de un modelo de crecimiento y creación de valor dinámico.
- No sirven las inversiones, locales o externas, si responden a señales de un mercado concentrado y se canalizan y crean valor en áreas estáticas como el desarrollo inmobiliario urbano o aun rutas (que en muchos casos coinciden con el levantamiento de rutas aéreas o ferrocarriles).
- No sirve la expansión concentrada de la demanda en el marco de un modelo de tipo de cambio que “filtra” una parte sustancial de la demanda hacia el exterior.
- No sirve económica, social y éticamente un modelo que determina récords históricos de desempleo, de pobreza estructural y de inseguridad creciente.
- No sirve un modelo que no hace uso de los recursos humanos cuando éstos en términos relativos son uno de los mayores activos que tiene el país. No es bueno que ingenieros manejen taxis o que los científicos laven los platos como ocupación permanente (aunque...).
III. Fijados los NO, es bueno concentrarnos en la alternativa por la positiva.
Creo que el futuro del país debe estar ligado a la combinación del uso extensivo de recursos naturales y del uso intensivo de recursos humanos.
IV. En materia de recursos naturales sería un error imperdonable si el país no usara sus ventajas naturales en materia agro ganadera, pesca, minería y energía en todas sus variantes, incluyendo la hídrica y la eólica.
A varios de estos sectores las ventajas naturales les han permitido soportar mejor que a otros circunstancias económicas adversas. Y aun así, como en el caso del agro terminaron la década del 90 con niveles insostenibles de endeudamiento.
Que su capacidad de resistencia sea mayor no significa que puedan ser sectores ignorados en el momento de definir políticas económicas.
Su papel es tan central en materia de:
- generación de excedentes de divisas,
- ocupación del territorio nacional, o
- incluso por razones de hábitos o costumbres, de preservación de ciertos aspectos de la identidad nacional.
Los sectores cuya base son los recursos naturales, no pueden ni deben ser el único componente del modelo, pero tampoco pueden ser la “cenicienta” del mismo.
En realidad deben estar siempre presentes en el foco de políticas públicas per se y por la interrelación con otros sectores económicos.
Sobre esa interrelación baste recordar el uso creciente de tecnologías, tanto en materia de bienes de capital como de biotecnologías, ya que
- las crecientes exigencias sanitarias y fitosanitarias son centrales para el agro, o
- que el manejo detallado de recursos naturales renovables es esencial para la pesca, y
- la protección de los ecosistemas es elemental para el sector energético y minero.
El límite de este grupo de actividades económicas está hoy en un procesamiento insuficiente y en valores agregados relativamente bajos. Parte de ello puede ser corregido por políticas mixtas, privadas y públicas, de estímulo a la diferenciación.
Una manzana lista para ser vendida directamente al consumidor en los mercados desarrollados del mundo, o un frasco de miel de inigualada calidad tienen tanto valor y mercados tan dinámicos como cualquier bien exclusivamente industrial.
La "diferenciación" de productos es el objetivo, pero seamos conscientes que esto es lo que en muchos mercados desarrollados intentan evitar, reservándose -por políticas de subsidio y restricciones arancelarias- el desarrollo en sus propios mercados del valor agregado, condenándonos a vender solo insumos.
Precisamente en este punto reside la función en negociaciones internacionales, globales o regionales como Mercosur-ALCA o Mercosur-Unión Europea consistente en mejorar el acceso a mercados en bienes alimenticios.
Esta base competitiva natural, a la que en el futuro se irá agregando con mayor intensidad la disponibilidad de agua en un mundo que no cuenta con reservas suficientes de este vital recurso, debe ser por su capacidad de respuesta relativamente rápida el cimiento de un esquema de crecimiento no volátil y sustentable en el tiempo.
V. El segundo pilar del modelo es el que surge del uso intensivo de los recursos humanos. Todos sabemos que estos recursos se han deteriorado en los últimos años fruto del deterioro social habido en la década del 90 y aun podría decirse en el último cuarto de siglo. No obstante, en términos relativos, dentro del mundo en desarrollo siguen siendo un recurso fundamental.
¿ De qué sectores estoy hablando ?
- Turismo
- Dise ño, arte y moda
- Medios, Publicidad y Cine
- Producción editorial, radial y televisiva
- Medicina
- Servicios sociales y personales
- Biotecnología
- Genética animal y humana
- Industria nuclear
- Industria espacial
- Desarrollos aeron áuticos y sus servicios
- Ingeniería de productos
- Bienes de capital ligados al agro
- Bienes de capital ligados a los alimentos
- Software e informática en general
- Comunicaciones
- Tecnologías del gas
- Química y petroquímica
- Productos para la construcción ligados a la minería
- Industria farmacéutica general y genéricos en particular
- Programas integrales tipo Remediar
Esta es una enumeración meramente indicativa. Ustedes mismos tendrán en su cabeza otros ejemplos de este tipo. Cuanto más concretos y específicos en términos de definición, mejor.
¿Qué es común a todos estos sectores? Obviamente, todos son intensivos en recursos humanos científicos, tecnológicos o profesionales. Algunos combinados con recursos naturales, otros no. Todos giran en torno a la capacidad de adaptación e invención de nuestros recursos humanos.
Todos en general producen bienes de mayor o alto valor agregado y a diferencia del caso anterior cuando están dirigidos (aunque más no sea parcialmente) al mercado internacional, enfrentan mercados más abiertos desde el punto de vista arancelario pero más sutilmente cerrados por instrumentos tales como requisitos de origen, de idioma, normas técnicas y muy particularmente de financiamiento. Son, por ende, sectores donde el papel promotor, coordinador, negociador e impulsor del Estado es fundamental.
Todos tienen otra característica y es que cuentan con un mercado internacional que es inescindible del mercado interno. Si no hay un mercado interno importante, creciente y hasta sofisticado que exija calidad, desarrollo y permanente actualización y que aporte escala productiva, difícilmente pueda llegarse a mercados externos.
Todos requieren asimismo de una constante y actualizada política de formación permanente de recursos humanos y todos están en mayor o menor medida ligados a la ciencia y la tecnología. No dependen de empresas dominantes ni de un área de gobierno dominante. Todos requieren por tanto una alta coordinación dentro del sector público y de éste con el sector privado. Un apoyo no intrusivo de las decisiones privadas es fundamental.
La capacidad de adaptación y de modificar el desarrollo que tienen nuestros recursos humanos es alta. La capacidad de “lo arreglamos con un alambrecito” es una bendición, pero es también un riesgo contra el que hay que luchar en el plano cultural. Una cosa es la idea salvadora, el “alambrecito” como superación de un problema productivo inesperado, otra es el “alambrecito” como política.
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VI. La interacción entre estos dos pilares del modelo productivo -que es a su vez un modelo ocupacional, en cantidad y calidad- es obvia, particularmente en áreas como la informática, los bienes de capital, o la genética, por solo citar algunos ejemplos.
Por más que los mitos históricos digan otra cosa nunca fuimos un país desarrollado. Nuestra tarea fue siempre, y lo es aun, la de salir del subdesarrollo para componer un modelo de crecimiento no volátil, sustentable en lo económico pero a su vez sustentable en lo social y político para lo cual debemos reconstituir el tejido social tan deteriorado en el último cuarto de siglo y especialmente en lo que considero la “década desperdiciada” de los años 90.
VII. Sin ir hasta los orígenes de la nacionalidad hay que lograr aprovechar este momento. Como a fines del siglo XIX con la ocupación del territorio y la consiguiente expansión de la frontera productiva que lleva a cabo Roca, como a inicios del siglo XX con la inclusión política lograda por Yrigoyen. Como a mediados de ese siglo con la inclusión social de Perón y como el aun inconcluso esfuerzo de Frondizi en materia desarrollo de un sistema productivo integrado.
Quizás haya llegado la hora de recuperar ciertas ideas básicas. Roca tuvo una consigna “Paz y Administración” y decía que “mediante el compromiso y la seducción acertamos a establecer un ámbito para que la gente pudiera trabajar, prosperar y aprovechar las ventajas de los nuevos tiempos”.
Permítanme terminar citando a Frondizi cuando dice:
“...nuestro campo de batalla por el progreso son los talleres, las fabricas, los laboratorios, las organizaciones agrícolas, las universidades, es decir todos aquellos lugares donde la población se lanza apasionadamente a una lucha que le permitirá superar la miseria, la ignorancia, la enfermedad, los bajos niveles de vida, en otras palabras todo cuanto constituye nuestro atraso."
"Sin desarrollo nacional no hay bienestar ni progreso, cuando hay miseria y atraso en un país, no solo sucumben la libertad y la democracia, sino que corre peligro la propia soberanía nacional.(...) Para ello tienen que transformar una estructura económica que ha terminado por convertirse en un factor de estancamiento y escasez. Nuestros países deben decidirse por lo tanto a explotar todos sus recursos, a movilizar todas las energías disponibles y a lograr el máximo de aprovechamiento de los adelantos técnicos y científicos de nuestro tiempo.”
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Se puede, podemos, hacer un país serio. Permítanme hacerles notar que esta ecuación tiene dos componentes
- seriedad
- pero también el
- hacer. Concreto y efectivo.
A N E X O
Parte de esa reflexión pasa por los “roles invertidos” que suelen darse en la discusión económica, entre lo que por simplificación puede denominarse establishment económico, político y aun académico (al menos la "academia" publicitada en los medios) y los "outsiders" a este grupo.
Los llamados ortodoxos han estado a favor de soluciones “compulsivas” en materia de tratamiento de los depósitos del sistema financiero:
- han sostenido la idea de que hacer política económica es ir de “paquetazo” en “paquetazo”, o
- por diversas vías han apoyado “socializar” las pérdidas derivadas del colapso. Ello solo hablando de los últimos 18 meses,
- si ampliamos el horizonte deberíamos hablar de los déficits fiscales permanentes que generaron el festival de deuda que el país ha heredado.
Los que según dicen somos heterodoxos, en cambio, hemos preferido confiar en la auto-organización de la sociedad y proteger en todo lo posible el funcionamiento de los mercados.
Según parece la ortodoxia "modelo argentino" es la de un neoconservadurismo anticompetitivo en tanto que la supuesta heterodoxia es el canal de defensa de un capitalismo competitivo.
Esto hay que decirlo porque si nó no se entiende sobre qué estamos debatiendo. La claridad cartesiana es imprescindible para el futuro aun cuando a algunos les genere molestias. |