A la Portada de IDEA
   39°Coloquio > Síntesis: Felipe Solá

FELIPE SOLA, Gobernador de la provincia de Buenos Aires
Cena de Apertura

Miércoles 5/11 a las 21:30

Solá respaldó el diálogo de Kirchner con los piqueteros

El gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, respaldó hoy el diálogo que el presidente Néstor Kirchner mantiene con los piqueteros al asegurar que el primer mandatario “está tratando de tener una estrategia de integración, de humanización del problema fundamental de un país que ha explotado y ha dejado a millones, muchos en mi provincia, fuera de la conversación, fuera de la esperanza”.

Al hablar en la cena de la primera jornada del 39 Coloquio Anual de IDEA, Solá sostuvo también que “no hay ninguna democracia que pueda crecer si el Estado es corrupto o si tiene complicidad con la corrupción o si tiene la cobardía de no combatir la corrupción”.


A continuación se transcribe la disertación del mandatario en forma textual:

El año pasado dije que en la Argentina teníamos un exceso de políticos profesionales que cada tanto hacían de hombres de estado vocacionales o si se quiere amateurs y que requeríamos la inversa, gente altamente profesionalizada en el manejo del Estado y que además tuviera una fuerte vocación política.

Pero parece que hay un giro hacia eso. Yo no sé en que lugar estoy ubicado pero he visto lo que pasó en muchos lugares que mejoraron enormemente la eficiencia de su administración en estos dos años de profundísima crisis, posiblemente porque cuando las circunstancias aprietan, suele aparecer lo mejor de los hombres.

Me parece que la crisis si no nos mata nos engorda y nos engordó en el buen sentido. La provincia está saliendo adelante. Pero quién: el Estado provincial, la política fiscal o los bonaerenses, están saliendo adelante.

Se puede gobernar una provincia inmensa del tamaño de un país europeo de 15 millones de personas y obsesionarse casi exclusivamente con la administración.

Tratar de manejar bien las prioridades, asignar bien el recurso desde el punto de vista social, no equivocarse en la estrategia, sentarse sobre la caja, aprender a decir que no, cuando uno quisiera decir que si para ser un poco más querido.

A pesar de eso, ordenar fiscalmente el estado, pero que eso no se convierta en un orgullo excesivo.

En realidad, el impacto del ordenamiento del Estado sobre la persona de carne y hueso tarda en llegar. Le llega mas bien a aquellos que sin el Estado no pueden desarrollar su mínima actividad vital, pero no alcanza a todos los demás que necesitan parcialmente del Estado, pero no de una manera más terrible como la gente más humilde. Ellos necesitan de un Estado muy diferente al que tenemos hoy y que cumpla con funciones que no cumple todavía satisfactoriamente ni por asomo en nuestro país.

El año pasado dije de cómo encarábamos los argentinos la crisis y dije que teníamos una especie de adolescencia prolongada y que en noviembre del año pasado había todavía algo mágico que nos iba a sacar de ese pantano terrible que estábamos y donde hoy estamos parcialmente.

A lo mejor hubo un exceso de responsabilidad negativo, pero es terrible la falta de responsabilidad y la falta de la autocrítica necesaria en cada uno de aquellos que hemos tenido mayores responsabilidades.

Aquellos que creen tener derechos y que suelen ser los que más cacerolas tocan en este país y que olvidan sus deberes, desde los gobiernos no deben ser tratados como ciudadanos , sino como súbditos. En la Argentina todavía hay gente que tiene clarísimos sus derechos, por cierto muchas veces conculcados y limitados sobre todo en el plano económico, pero olvidan claramente sus deberes.

Cuando el tema es la integración, imagino como una Argentina que integra a empresarios con trabajadores, que integra sector privado con el Estado, que integra representatividad política con ciudadanos representados, que integra marginalidad y exclusión o marginados y excluidos con la sociedad.

Si ese es el gran tema, yo elegiría como tema central de estos días, no las primeras integraciones que mencioné que son fundamentales y necesarias, que sino tomaría la más dolorosa y la más difícil que es la integración de los excluidos, de los pobres de toda pobreza, de aquellos que perdieron sus trabajos y perdieron las chances de conseguir otro, con la sociedad.

La integración con los piqueteros que son la expresión política de esa protesta con la sociedad, como una tarea fundamental que no debe tener solo un gobierno, sino toda la sociedad.

No me pregunten cómo se hace, se hace con la vocación de hacerlo, pero el nivel de exclusión de la Argentina, que no es nuevo para nadie, es incompatible con la dosis de legitimidad que tiene que tener nuestra democracia para ser una democracia potente, y que además de darle libertad y derechos a sus ciudadanos, sea una democracia que crezca económicamente. Elegiría ese tema como el más importante.

Cuando veo críticas a las formas que elige el presidente Kirchner en este momento para tratar esta temática, creo que deben ser moderadas, porque el presidente está tratando de tener una estrategia de integración, de humanización del problema fundamental de un país que ha explotado y ha dejado a millones de Argentina, muchos en mi provincia, fuera de la conversación, fuera de la esperanza.

No es un tema menor, no basta decir que está enviciado, que está politizado. Hay que tener mucho cuidado en no ser más exigente en la mirada hacia ese sector, que en la mirada que se tiene hacia otros sectores, y noto una tendencia a eso que me parece digna de ser discutida desde un punto de vista ético, mucho más que desde un punto de vista político, y desde un punto de vista práctico en la búsqueda de mayor legitimidad y de mayor integración en la Argentina actual.

No hay ninguna democracia que pueda crecer si no se afirma al principio en un piso de los valores éticos, no hay ninguna democracia que pueda crecer si el Estado es corrupto o si tiene complicidad con la corrupción o si tiene la cobardía de no combatir la corrupción.


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